miércoles, 11 de julio de 2012

¿Revolución es?


"... 3) Es igualdad y libertad plenas...
7) Es defender valores en los que se cree al precio de CUALQUIER SACRIFICIO..."



Se me atropellan las contradicciones, me hundo en confusión, nado en desconcierto. Y así y todo me vuelco a escribir, apenas, esa fracción que veo, que siento, que inexorablemente vivo. Otro nudo en la garganta. A éste no lo quiero desatar. Necesito que me recuerde el sufrimiento, la incertidumbre de un pueblo sumergido en un régimen dictador, cruel. Y muchos me lo discutirán, y eso será sano, porque escucharán esta, mi campana desafinada. Y muchos otros asentirán conmigo, sentirán en estas palabras las suyas, que quizá son las verdaderas, pero no las Reales. Aquí en Cuba la vida no es fácil. Bueno, claro, a decir verdad y en honor a ella (a la verdad) algunos la tienen más fácil que otros. Nuestros 19 días en esta isla nos dio un panorama apenas fraccional de lo que es este monstruo al que llaman Revolución y en el que uno, antes, ingenuo, desde lejos y por lo que prefería escuchar, tenía puesto el corazoncito. Lógico, porque desde adolescente uno se adhiere a las ideas que movían al Che Guevara, o con el tiempo se nutre de aquellas que expresaba José Martí en Nuestra América e intenta tomarlas como guía y a ellas se aferra argumentalmente en casi toda discusión de política mundial.
“Mira que si Martí o el Che Guevara estuvieran vivos, dudo mucho de que estuvieran de acuerdo con esta revolución, coño”, fue una de las primeras aseveraciones que escuchamos cuando comenzamos a indagar sobre este proceso que lleva ya, como sabemos, más de 50 años. Y esto fue en La Habana, donde como en cualquier capital del mundo, se mueve más dinero que las otras ciudades del mismo país. Y cuando nos dispusimos camino del oriente, esas palabras se volvieron más tangibles porque es imposible que Guevara, Martí o Cienfuegos estuvieran de acuerdo con una revolución en donde el pueblo sufre, y mucho. Porque la revolución, según tengo entendido, nació y se hizo POR y PARA el PUEBLO… Pero… ¿y entonces?
En Cuba casi que no existe lugar para nosotros; lo tuvimos que ir haciendo a fuerza de mucha paciencia e insistencia. Pero así, de buenas a primeras, estamos como desubicados. Ni acá, ni allá, ni en el medio. Este sistema no prevé “mochileros”, o “artesanos extranjeros”, o “buscavidas” o como quiera que se quiera o pretenda etiquetarnos. Aquí casi que hay sólo dos clases de gentes: El cubano y el turista. Claro que también podés ser estudiante extranjero… pero esos son los menos. Lo cierto es que a partir de esta clasificación, cuando un cubano nos veía, lógicamente veía a dos turistas, y como a dos turistas nos trataba. Y, aunque efectivamente somos turistas, es absurdo que nos traten como a ese europeo rosado y rechoncho que se bajó del avión, ese al que buscaron al aeropuerto, lo llevaron al cinco estrellas, lo trasladaron hasta las mejores playas y lo llevaron a saciar su hambre y angustia en los mejores restoranes con todas las estrellas y los camarones y las langostas que los propios cubanos tienen PROHIBIDO pescar y consumir. Así las cosas, con cada cubano que nos cruzábamos necesitamos volver a juntar la paciencia para explicarles qué clase de turismo nosotros hacemos, con qué contamos, qué tenemos para ofrecer nosotros a Cuba; al revés de la idea de ofrecernos Cuba a nosotros. Contarles que en realidad no venimos de Argentina y no volveremos a Argentina, aunque seamos argentinos. Explicarles que vamos de país en país trabajando, y que fruto de ese trabajo es que podemos seguir viajando. Que ahora nos encontramos en Cuba y que por las leyes que aquí rigen y los exuberantes controles que hay, no podemos trabajar y nos toca simplemente viajar, conocer, como un turista normal, pero por otros medios. Que no tenemos una cuenta en el banco que nos respalde, que el poco dinero que trajimos lo conseguimos trabajando duro en Venezuela y que después de aquí vamos a México a seguir trabajando, y conociendo, claro, porque eso es lo que hacemos básicamente. 
Hay que respirar hondo una vez más y explicarles que no somos empleados públicos o empresarios que nos tomamos 15 días de vacaciones y decidimos venir a descansar a Cuba, sino que Cuba es una escala, apenas un peldaño en este viaje y que tenemos que seguir trabajando porque de lo contrario no comeremos (bueno, creemos casi soberbiamente que en este continente uno nunca se podría quedar sin comida), o no seguimos viajando, o no tenemos un lugar donde dormir. Y recién ahí, cuando ven nuestros trabajos, o nuestra ropa ajada, es cuando comprenden que además de turistas europeos o norteamericanos, también existen estos que están dispuestos a usar, por ejemplo, los mismos medios de transporte que un ciudadano cubano común (que por cierto son de pésimos hacia abajo, salvo escasísimas excepciones). Pero este trabajo tuvimos que hacerlo cada vez que nos comunicábamos con ellos porque, para ellos, así, a simple vista, éramos -somos- extranjeros y, para ellos, ser extranjero es sinónimo de dólares en el bolsillo. Y dólares en el bolsillo significa que si sos algo por el dinero que tenés; pues ahora sos 25 veces más ese algo.

Veinticinco veces desigual
Aquí coexisten, hoy, dos monedas. Una es el peso cubano y la otra es el peso convertible, que es sinónimo de dólar. Es así como 1 peso convertible (CUC), es igual a 25 pesos cubanos. Esa abismal diferencia es lo que hace que no haya lugar para gente como nosotros acá. El turista paga en CUC (dólares), porque los tiene. Y el cubano paga en su devaluada moneda, angá. Y nosotros, Nico y Diana, en el medio: sin los dólares suficientes para manejarnos como un turista pero con unos pocos dólares que nos permiten vivir “lujosamente” si nos movemos como se mueve un cubano. Pero, claro, las leyes impiden que los extranjeros, por ejemplo, paguen un hospedaje en moneda nacional, o que se transporte de un lugar a otro en alguna wawa (bus) que no sea el que el Estado tiene especialmente reservado para los turistas, y que se pagan en CUC. Así que conseguir un alojamiento económico dependió siempre de nuestro poder de convencimiento y de las previas explicaciones de qué clase de turistas somos (los poriajú). Y viajar en wawas con cubanos muchas veces fue un problema, aunque hay varias alternativas, como por ejemplo viajar en camiones particulares, que es lo mismo que viajar como lo hacen las vacas en Argentina, pero con 40 grados de calor en la sombra del techo de chapa del camión. ¿Cómo alguien es capaz de “defender” el socialismo en un país “socialista” donde existen dos monedas, una de las cuales vale veinticinco veces más que la otra? Estás veinticinco veces lejos de ser socialista, cabrón.

Revolución y propaganda; o propaganda y revolución
Las calles y carreteras cubanas están colmadas de anuncios “pro” revolución. No existe otra voz, no hay otro punto de vista. Es sólo una voz alentando al pueblo a seguir adelante, a continuar sufriendo (sí, a veces hasta usan esa palabra) para mantener esta revolución, para no ceder ante la presión capitalista, ante el bloqueo y el bla bla bla. El Estado victimizándose ante el pueblo, que es la verdadera víctima de toda esta mierda. Y entonces no me queda otra que imaginármelo a Fidel, o a Raúl, fumándose un puro de los caros, rodeados de comodidades y lujos que el pueblo cubano no posee. Vengan a hablarme de revolución, hijos de puta, vengan a hacerlo. Burócratas asquerosos, insensibles. Esto no deja de ser un régimen militar, donde vas preso, o sos multado si estás pensás distinto, si vivís de una manera que no se condice con “su” manera. Entonces, si vas en contra, rapidito te etiquetan de “contrarrevolucionario”. ¿Y ellos, que van EN CONTRA DEL PUEBLO MISMO? Y si la revolución se hizo POR y PARA el pueblo, ¿no es CONTRAREVOLUCIONARIO permitir que ese pueblo sufra?

¿Salud y educación ejemplares?
Te multan. O vas preso. Son los miedos cubanos porque ¿cómo pagar una multa? ¿con qué? ¿cómo trabajar para dar de comer a la familia estando detenido? Se dice que Cuba no tiene muchas cosas, pero también se dice y se repite que todo en cuanto refiera a Salud o a Educación no sólo es gratuito, sino también un ejemplo a seguir. Yo tengo mis diferencias en estos puntos. Actualmente, quedan médicos en los cuales se puede confiar, médicos que todavía protegen su “ética profesional” maembo. Así y todo, no faltaron cubanos que nos contaron que hoy por hoy, hay que ir al médico con algún “regalito” porque claro, la atención es gratuita pero si uno agrega algo a eso, pues es aún mejor. Todo esto, a partir de la aparición del CUC. Quien accede al CUC, es quien tiene el poder adquisitivo y quien puede, con ellos, modelar su entorno a su favor. Más de lo mismo, ¿no?
Y la educación será siempre un tema en discusión, claro, porque… ¿por qué EDUCAR? Comencemos por respondernos esa pregunta. ¿Por qué enviar a nuestros hijos a la escuela? ¿qué aprenderán allí y quiénes son los que les enseñarán? ¿Quién arma los programas y cómo, con qué criterio? Quiero que veas a una niña cubana, cubana baracoesa, allá en el oriente, a las 12 del día, regresar a su casa que queda allá arriba, en la montaña. Quiero que la veas bajo ese ardiente sol, ese infierno en el aire, esa candela que arde en la piel, y también dentro, y que quema de verdad. Qué moral aprenderá en la escuela, que no pueda mejorar un guajiro, enseñando con su andar el trabajo manual, natural, primero. Pero si el niño o la niña no va a la escuela el padre puede ser multado. ¿Dónde está la libertad de elección? ¿Por qué leo panfletariamente esto de que revolución es lo mismo que decir LIBERTAD PLENA, en un país donde cualquiera puede entrar pero no todos (o casi nadie) puede salir? ¿Tienen miedo de que no regresen? ¿Por qué es tan difícil para el pueblo acceder a internet? ¿El miedo es que publiquen verdades y que éstas sean consumidas por el mundo globalizado? ¿Por qué un cubano puede ser multado si lo cogen hablando con un turista en la calle? ¿Por qué tanto hermetismo en las delegaciones de gringos que ingresan a Cuba desde todos los rincones del planeta? El sol acá es tan grande y quema tanto que no vas a tapármelo con una mano, ni apagármelo con un vaso de agua, ¿ok?
Me cuesta estar de acuerdo con un gobierno que permite que sólo algunos, escasos y privilegiados ciudadanos, puedan caminar otros mundos, oler otros aromas, compartir otras formas, sentir otras culturas. ¿Por qué las diferencias? ¿Por qué aquel tiene un Pantalla Plana y por qué aquél no? ¿Por qué éste viaja en wawa y aquél en un cero kilómetro importado? ¿Qué es el socialismo? Dale, en serio: ¿Qué es el socialismo? Y si el socialismo es eso que se basa en la utópica igualdad social, ¿cómo se llama este sistema político que se practica en Cuba?

No te lo explico porque no vas a entender
“El césped no se puede pisar por razones que no se las puedo explicar ahora porque no va a entender”, dijo uno de estos militares revolucionarios guaú entrenados para nada, o para todo, menos para dar una explicación sencilla, directa, fácil, natural, de por qué uno no puede caminar por el césped en una plaza. Y Yadira me dice: “Si Martí estuviera vivo, no estaría de acuerdo con este orden de cosas”. Y el señor que vende mangos en la esquina se sorprende cuando le cuento los países que tuve la suerte de conocer y me cuenta: “nosotros no podemos salir de acá”. Yo sé, y pongo mi más estúpida cara de circunstancia, la frente se me arruga y las cejas demuestran un lamento negro, sincero: “Estoy seguro de que más temprano que tarde, eso va a cambiar”, le digo, por decirle algo, por darle ánimos, fuerza, esperanzas o lo que sea.  “Eso espero”, me responde y agrega: “Al menos que esa libertad la tengan nuestros hijos o nietos; nosotros ya estamos resignados a que las cosas sean como son, ya estamos acostumbrados a que sean así”. Y él vende los mangos más ricos y baratos que comí en mucho tiempo: Mango Bizcochuelo.
No puedo estar contento con esta “Revolución”, con este régimen que me dicen que no es un régimen. Mi cuerpo no puede, ni quiere, entrar a un “Museo de la Revolución”, donde lo que predominan son cañones, tanques, armas militares y uniformes de una sola forma, valiéndonos de la redundancia. No. Me encantan los cubanos, pero no quiero que me hablen en inglés. Me gusta conversar, pero no soporto la monotemática conversación sobre el Che Guevara, Messi o Maradona. Me aburrió.
Es cierto que también hay los aspectos positivos como el bajísimo índice de delincuencia o de violencia que hay en la isla. Parte de ello se debe a que el cubano común no tiene acceso ni permisos para portar armas. Ni siquiera un policía en la calle puede cargar una pipa. Este fenómeno tiene su por qué, y su método de aplicación también. ¿cómo hacen para no tener delincuencia? ¿cómo para que no los afecte el flagelo de las drogas? Bueno, básicamente, Cuba es un Panóptico sin forma de Panóptico. Hay un “ciudadano” por cada cuadra de la república cubana que es una especie de policía. En realidad es un buchón; es el que se encarga de que tooooodo en la cuadra que él vigila, marche según los conceptos revolucionarios. ¿Afortunadamente? el “turista” no lleva por sobre sí, el peso de las miradas inquisidoras de estos vecinos/sapos o, en todo caso, no se lo siente; ya que el turista es, casi, “intocable”. Otra vergüenza y una forma más de diferenciar a los seres humanos entre sí en un mismo lugar; y de hacer más amplia todavía la desinformación que recibe el turista sobre lo que de verdad sucede en Cuba. El “turista turístico”, ese que se compró el paquetito en su país para pasar 15 días de vacaciones, en realidad tiene muy poco contacto con la verdadera Cuba. Todo lo que le llega es ficción; son cubanos “actuando” para ellos, diciendo lo que ellos “tienen” que escuchar según los disfrazados conceptos revolucionarios.
Cuba es bella. Es una isla rodeada y llena de naturaleza casi virgen. Pero vivir aquí puede ser más duro de lo que nos imaginamos. Nosotros (nosotros, inclúyase quien quiera), estamos más lejos de ellos de lo que nos imaginamos. No nacimos como ellos, no comemos como comen ellos, no inventamos como lo hacen ellos a pura necesidad, no tenemos (creo) un gran hermano que tooodo el tiempo nos está controlando. Es cierto que muchas de las libertades que tenemos son de mentira; pero así y todo las diferencias con esa isla/cárcel son abismales. Invítote a que viajes, a que la conozcas. Te insto a que intentes salirte del programa turístico que Cuba tiene preparado para todo el que pise la isla. Te propongo que intentes vivir como vive un cubano; que comas y consumas sólo lo que ellos comen y consumen; que te muevas de una ciudad a otra en sus transportes, no en los que el Estado cubano tiene designado especialmente para los turistas (Vía Azul es la empresa estatal que se dedica a transportar gringos, a precios gringos. Afortunadamente, nunca nos subimos a uno de esos). Te invito (bué… con qué autoridad, ¿no?) a que lo vivas “a lo cubano”. Sé que se puede al menos intentarlo. Sé que no somos cubanos, y que nuestras costumbres y culturas nos impiden vivir fielmente las cosas como las vive un isleño. De todas maneras, se puede uno arrimar a una idea, sin miedo, abriéndose y escudriñando sólo un poco. Es sólo intentarlo. Es sólo probar algo distinto. Es más bien difícil porque el sistema controla que el turista sea y siga siendo turista, y que el cubano sea y siga siendo cubano sin hablar mucho y sin expresarse demasiado; pero compartir una cena, una tarde de producción artesanal, un trago de ron cubano en serio, en la intimidad de un corro sin que te estén “sirviendo”; vale la pena.
El sabor final es agridulce; me quedo con el dulzón del son cubano, la alegría del guajiro a pesar de sus pesares, la amabilidad y la entrega a pesar de la pobreza material. El valor agregado lo encontrás dentro mismo del cubano; sea en Cuba, Miami, Argentina o Europa.

OjOs: Es esta sólo una fracción de subjetiva visión sobre una cuestión que es mucho más amplia de lo que aquí se pretende escuetamente plantear…
Buen apetito y provechosa vida a todos los cubanos y cubanas que con su negro o blanco o amarillo corazón nos abrieron las puertas de un país lo suficientemente cerrado y autoimpuesto.

1 comentario:

Mariana dijo...

DOLORES... DOLORES... DOLARES... Mucha contradicción amigo, como siempre, como en casi todos lados, como nosotros mismos.