Bueno, así las cosas... nos drink the stick, nos vamos al coño, ya fue, ya está... Salimos con Dieguito Elrisales navegando el Paraguay y después nos unimos a la Reina Diana. Nos vemos en el Tiki Taka quizá... o quiénsabedóndeeh!
¡Ya fue!
hay que hacerle bien nomás y respirar hondo hondo
Hasta la vuelta... que espero que no sea pronto...
"No se sabe si en Navidad se celebra el nacimiento de Jesús o de Mercurio, Dios del comercio, pero seguramente es Mercurio quien se ocupa de bautizar los días de la compra obligatoria: Día del Niño, Día del Padre, Día de la Madre, Día del Abuelo, Día de los Enamorados, Día del Amigo, Día de la Secretaria, Día del Policía, Día de la Enfermera. Cada vez hay más Días de Alguien en el calendario comercial. Al paso que vamos, pronto tendremos días que rendirán homenaje al Canalla Desconocido, al Corrupto Anónimo y al Trabajador Sobreviviente".
(Eduardo Galeano. Patas Arriba - La Escuela del Mundo al Revés)
Fotografía tomada en la víspera de la Navidad 2009. Casa de Cristina Cayman (Apóstoles - Misiones)De Izquierda a Derecha: Yomismo; DianaTe; Kiki; Richard y Oma. Excepto el matambre -que estuvo a mi cargo- de la parrilla se encargó Richard y, claro, todo estaba riquísimo. No comimos matambre: estaba tan duro como una paleta de paddle.
Vieja chota y mal pintada. Pasó y frunció el ceño. Yo la vi y ella no me vio. También arrugó la nariz, miró de reojo y volvió su vista al frente. Desconoció tanto su realidad, como la que la abrasaba y rodeaba ahí mismo. Caminó el trayecto a paso apresurado y trastabilló tacones de arcaicos zapatos “rojocharol” en ese apuro. Hacíanle juego con el rush carmín de los labios resquebrajados. Yo la vi y ella me evitó.
Y también evitó al turco que vendía puros; y a la yuyera y a esa hierva que alguna vez sanó y que todavía más.
Y no quiso ver los colores que de todas formas se sucedieron.
Y esquivó a las ratas que se hicieron un festín ese día, y el anterior, y el otro.
Y las callejas le ocultaron sus vergüenzas.
Y el pescado ya estaba muerto; y pescado.
Y la adolescente -ahí en el suelo: medio oculta, medio desnuda-, también muerta, muertísima. Pescada con su bolsita de veneno y su respiración agitada que la vieja chota y mal pintada ignoró.
Y así siguió, hasta llegar a la avenida: “Aire puro”, pensó mientras el ruido y el humo de los colectivos comenzaban a envolverla. Estaba de nuevo en su lugar y eso la hizo sentirse absurdamente viva.
Miró de reojo. Ya no trastabilló. Se sentía bien y por eso sonrió. Esperó en la parada nueve minutos. Llegó el 133 y lo abordó. Tenía el cambio exacto y el chofer se lo agradeció.
El mundo seguiría girando para ella un tiempo más. Lo suficiente para terminar esa botella que comenzó anoche, y que terminará en cuanto llegue a destino.